PACÍFICA-MENTE Vivir en el Centro 15 12 25

 

VIVIR EN EL “CENTRO”                                   15 de diciembre de 2025

 

 Desde la inmensidad ponemos distancia, cordura y claridad, es una espaciosidad que hemos sido capaces de crear gracias al cultivo del silencio y la quietud. Desde ahí podemos dar con la respuesta más coherente y libre, más amorosa.

 

Nos estamos desposeyendo de todos esos trastos mentales que atestan nuestra psique e impiden que nuestros pensamientos sean lúcidos y serenos, benevolentes y eficaces.  De este modo, nos vamos empoderando y fortaleciendo, sabedores de nuestra plena capacidad para afrontar lo que sea que esta experiencia en el mundo nos depare.

 

El miedo comienza a diluirse, nuestra toma de decisiones cada vez está sujeta a menos condicionamientos, es cada vez más libre. A ello se suman los efectos de esta nueva mirada más neutra y ecuánime que están cada vez más presentes, pues vemos que nos sentimos mejor, los problemas son sólo retos a superar, los inconvenientes no pesan tanto…….

 

La vida es percibida como la aventura que es, un milagro que nos ofrece oportunidades de crecimiento a través de todo aquello que “nos toca” y a través de lo cual, podemos conocernos, confrontarnos y, sobre todo, experimentarnos de un modo más alegre y natural.

 

Tras la reeducación mental también hemos de acometer la “liquidación de situaciones pendientes”, lo que significa dar un punto final a situaciones a las que ya no vamos a permitir seguir presentes, ya sean traumáticas, ya sean memorables, porque todo lo que me ata al pasado no me va a permitir desarrollarme en el presente, pues me va a llevar o a la retirada, o a la repetición, de forma que siempre seré esclavo de lo que ya no es, viviendo en el apego y no en la libertad.

 

Ahora el siguiente paso según la psicología transpersonal de Antonio Blay es reconectar con el fondo que pasa por una tarea que él denomina “centramiento”.

 

Hay muchas formas de vivir, la diversidad viene de cómo pensamos y, en consecuencia, de cómo sentimos. Lo que nos propone Blay es que además de sanar lo consciente, lo que llamamos “limpiar la casa”, decidamos también “Vivir en el Centro”, pero no en el centro de la ciudad, sino en el centro de nuestro Ser, alineados y conscientes.

 

Para que se entienda, lo ejemplifica con una excursión por el campo, cuando el terreno es pedregoso o resbaladizo, o pasamos por un lugar estrecho y pronunciado, nuestra forma de caminar cambia: ralentizamos la marcha, ponemos más atención y conciencia física para poder utilizar el cuerpo de la forma más óptima posible, en definitiva, ponemos todos nuestros sentidos en evitar accidentes o caídas.

 

Esto, llevado al plano mental, nos lleva a lo que se llama “centramiento”, una forma de dirigir los pensamientos más serena y pausada, en la que el cuidado y el respeto son fundamentales. Si estoy sintiendo, o decidiendo, o hablando, procuro estar en el lugar donde me vivo más auténtica, más de verdad y desde ahí, voy ejerciendo lo que soy.

 

Estamos cultivando una actitud interna que irá fortaleciéndose a medida que avanzo en el autoconocimiento, una base firme y sólida a partir de la cual me abro al mundo. Desde ahí siento que me proyecto más conscientemente y entiendo que todo lo manifestado está respondiendo tanto a toda esta Luz que estoy empezando a irradiar, como a la oscuridad que todavía no he conseguido disolver.

 

“La esencia de la existencia está en el foco de donde está surgiendo”, con esta afirmación Antonio Blay nos hace ver que, si cuidamos el foco, el centro desde el que nos vivimos, nuestra existencia se transforma, va virando hacia el lugar, el estado mental, que nosotros estamos creando y propiciando desde ese “centro de poder”.

 

Con un eje bien asentado y definido vamos a poder desplegar el abanico de una experiencia cuyas riendas comenzamos a tomar sabiendo que no estamos solos. Todos contamos con la guía de quién sí sabe y nos ofrece su intervención silenciosa y amorosa. Así es como descubrimos que la libertad pertenece a quién vive en su centro, desde su corazón.

 

¡Feliz Navidad!!! Que nuestro renacer sea espiritual, pues es la profundidad interior la que tiene el poder de ampliar los límites de lo exterior.                             

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