HOY HACE UN AÑO - Gioconda Belli en San Mateo de Gállego 30 04 26
Fui invitada a participar con un sencillo homenaje a una poeta que,
sin duda, merece ser conocida, leída y por supuesto, admirada.
Gracias por contar conmigo. Gracias Siempre.
«Uno
no escoge»
de Gioconda Belli.
Uno no escoge el país donde nace;
pero ama el país donde ha nacido.
Uno no escoge el tiempo para venir al mundo:
pero debe dejar huella de su tiempo.
Nadie puede evadir su responsabilidad.
Nadie puede taparse los ojos, los oídos,
enmudecer y cortarse las manos.
Todos tenemos
un deber de amor que cumplir,
una historia que hacer
una meta que alcanzar.
No escogimos el momento para venir al mundo:
Ahora podemos hacer el mundo
en el que nacerá y crecerá
la semilla que trajimos nosotros.
Exiliada y bienvenida a partes desiguales…., y ambas cosas por el mismo motivo, por colmar ese “deber de amor” que para unos pocos es traición y para la mayoría, seguro que para todos los que estamos aquí, un ejemplo de fidelidad, valor y coherencia.
Sus palabras son fuego y refugio al mismo tiempo. Un canto al amor, al cuerpo y a la sensualidad y a la vez, un grito por la libertad, la justicia y la dignidad.
En sus versos la vida se ilumina, se cuestiona y se transforma, en ellos abraza, perfuma y valiente, evoca sin miedo el paraíso que intuye tras la oscuridad.
Su obra nos enseña a sentir intensamente, a luchar y a cuestionar sin miedo, a celebrar la existencia a través de un alma madre cuya femineidad es pura primavera, un estado de ser donde el dolor y la belleza conviven serenamente.
Hoy celebramos a Gioconda Belli, poeta, novelista y guerrillera, acusada de traición a la patria de Daniel Ortega que no a Nicaragua y así lo expresó en una charla radiofónica tras haber recibido la nacionalidad española: "Yo siento que yo voy a ser nicaragüense hasta el día que me muera. Cuando ellos hayan terminado -su régimen-, mis libros seguirán diciendo: 'Gioconda Belli, nicaragüense", porque como bien expresa en “Uno no escoge”, no escogió el país donde vino al mundo pero lo ama hasta el punto de ser acusada injustamente por no taparse los ojos, por no taparse los oídos, por no enmudecer y cortarse las manos, como tantos otros sí hicieron…..
Ella nos regresa a la poesía que no sólo se lee: se respira, se vive, se lucha y se siente.
El pasado 30 de abril -hoy hace un año-, tuvimos la fortuna de recibirla en la biblioteca Irene Vallejo de San Mateo de Gállego, allí descubrimos una personalidad cercana y entrañable, que “ha dejado una huella profunda de su tiempo” en los corazones de sus lectores.
A continuación leí la carta de una vecina de San Mateo que el día que nos visitó la poeta, nos dejó maravillados por la belleza y gratitud que sus palabras le transmitieron.
Para finalizar hablé "De poetisas y musas", un poemario que escribí hace ya unos cuantos años y que editó e ilustró Macarena Lasierra, hija mía y exalumna del IES GALLICUM. En dicho trabajo poético transmuté 50 poemas de 50 mujeres, así que para finalizar este sencillo homenaje, a continuación tenéis la poesía original de Gioconda Belli y después, la que resultó de su "transmutación". Muchas gracias por acompañarnos,
Soy llena de gozo,
llena de vida,
cargada de energías
como un animal joven y contento.
Imantada mi sangre con la naturaleza,
sintiendo el llamado del monte
para correr como venado desenfrenadamente,
sobando el aire,
o andar desnuda por las cañadas
untada de grama y flores machacadas
o de lodo,
que Dios y el Hombre me permitieran volver
a mi estado primitivo,
al salvajismo delicioso y puro,
sin malicia,
al barro, a la costilla,
al amor de la hoja de parra, del cuero,
del cordero a tuto,
al instinto.
Gioconda Belli
Tan quieta reposo,
quieta y sin cuitas,
colmada de alegrías
arrojo el mundanal roce al silencio.
Enamorada se abre a mí tu presencia,
fluyendo hacia un calmado derroche
de alma y Ser, que ha despertado pacíficamente,
tan sólo amándote,
obviar las dudas de mis entrañas
y ungida de calma oír las voces que me hablan
de todo, de
tu Amor, del goce y la paciencia, de renacer
desde un cambio infinito,
a salvo del espejismo tosco y duro
de esta vida,
a salvo, en la cordura,
en el albor que otorga mañanas de Cielo
tan eterno y puro,
tan divino.
Sophí Kara
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