PACÍFICA-MENTE La más alta forma de Generosidad 19 10 26

 

LA MÁS ALTA FORMA DE GENEROSIDAD  

19 de octubre de 2026

 

 

Finalizamos el encuentro anterior con el lema de UCDM: “Nada Real puede ser amenazado”, que sigue así “Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios”. Y desde luego, aunque no podamos alcanzar a comprender lo que significa en toda su profundidad, entrevemos que se trata de una afirmación de absoluta generosidad pues nos habla de redención, de salvación y de total seguridad respecto a lo que pueda ocurrir en este mundo.

El presupuesto es sencillo: si nuestro mundo es “maya” como dicen los hindúes y afirma UCDM, es irreal, de ello se deduce que no tiene existencia real. Sin embargo lo que es Real, que está más allá del espacio y del tiempo, no puede ser dañado, no puede ser vulnerado, de ahí la infinita Paz de Dios que podría ser la nuestra si nos permitiéramos unir nuestra voluntad a la Suya.

Y es la voluntad, también llamada intención, uno de los presupuestos necesarios para comenzar el viaje espiritual que nos lleve de regreso a una conciencia de poder y de Amor inimaginables desde el personaje que habita el mundo, desde la mente del ser humano ajeno a su Realidad espiritual.

Hemos visto que para conocer el Amor, para aprender a amar, hemos de aprender lo que es la Rendición, y que dicha actitud debe comprender los atributos de humildad, pureza y perfección o coherencia.

Pasos previos antes de profundizar en ellos, son por un lado la voluntad y por otro la atención. La voluntad implica deseo, sed, interés e incluso, algo conocido como devoción, un anhelo, un ansia por conocer un estado de Ser en el que todo está bien, en el que a pesar de lo que pase a nuestro alrededor, nos sentimos conectados con la corriente de la vida y afortunados de pertenecer a ella, de formar parte de algo mucho más grande y poderoso que nuestra pequeña, separada y egoísta individualidad.

Pero la voluntad por sí sola no es suficiente, requiere de un foco, un objetivo, un mirar hacia un lugar cuyo espacio sólo podemos situar en un territorio mental. No tiene sostén en la tierra, sino en el Cielo, en esa dimensión inmaterial que es esencial e invisible a los ojos del cuerpo. Estamos hablando de la atención.

 

“La atención es la forma más pura y rara de generosidad” Simone Weill

Esta frase de la conocida filósofa francesa que da título a este encuentro, nos lleva a una forma de ver la atención “como un acto de receptividad espiritual y amor desinteresado que consisten en suspender el ego para abrirse por completo a la realidad del otro y el mundo.”

No estamos buscando realizar un esfuerzo inhumano, o estar a todo instante alerta con el desgaste de energía que eso supone, sino que por el contrario se trata de vaciarnos de pensamiento de prejuicios para dejar la mente disponible y penetrable, receptiva, de forma que podamos ATENDER al momento, la situación o la persona sin necesidad de enturbiar nuestra percepción con juicios, ni distraernos de lo que está ocurriendo.

La atención es un regalo que damos al otro porque lo reconocemos sin filtros pero que, a la vez, recibimos, pues nos sitúa en un espacio de ecuanimidad y serenidad en el que nada se rechaza ni acepta sin más, simplemente se observa de forma que no estamos reaccionando, sólo respondiendo desde una visión de amor, aceptación y paz.

Podría afirmarse que este modo de prestar atención es un gesto casi subversivo frente a la distracción imperante. Un gesto cargado de intención a través del cual ponemos el foco en “modo humildad” y nos recordamos que “no sabemos” y, por tanto, ante las diversas circunstancias nos mantenemos flexibles y abiertos, procurando un mirar que traspase lo limitado, que vaya más allá de lo visible sabiendo que detrás de todo, hay belleza, amor e inocencia.

En este mismo proceso podemos comenzar a integrar lo que es la humildad, que es el primer atributo que requiere la rendición, de hecho, nos estamos rindiendo al soltar las riendas de la razón y dejarnos llevar por el Ser que sí sabe, que conoce el origen del bienestar mental y espiritual y nos lleva de regreso a una senda de paz y hermandad.

Y es precisamente el Ser de Amor que compartimos y nos guía de camino al Hogar el que de forma total e incondicional nos presta su atención, su cuidado y su Presencia, algo que fácilmente podemos sentir sólo con poner el foco en la respiración: Respiro Amor, soy Presencia.

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