PACÍFICA-MENTE Ser Quién Eres 08 06 2026
SER QUIÉN ERES 8 de junio de 2026
En el último
encuentro dilucidamos que la clave está en uno mismo y en conocerse desde
una Visión inocente que nos capacita para proyectar en coherencia y armonía,
siempre apoyados en la relación con el otro y reconociendo como nos dice Blay
que: “todo lo que yo percibo en las otras personas es un aspecto de mí mismo…
y estos aspectos enriquecen y completan mi propia actualización de cualidades”.
Es en la relación donde la dinámica del espejo y la proyección se
expresan maravillosamente, y si soy capaz de, en humildad, aceptar que es en el
otro donde el encuentro es posible y que de negarlo, me pierdo inevitablemente
en juicios, prejuicios, creencias… “en el otro o me encuentro, o me pierdo”,
entonces sabré aprovechar la experiencia que esta vida en el mundo me brinda
a través de los demás para conocerme, desarrollarme y crecer, en definitiva,
para despertar de un paradigma donde estamos separados e ir progresivamente
integrando en mí la conciencia de Unidad.
El trabajo pasa por preguntarme: ¿qué rechazo en el otro?, porque
eso es lo que rechazo en mi ¿qué me llama la atención de esa persona? ¿Dónde
pongo el foco? Todo lo que sucede alrededor me lleva a mí, a ese centro
de conciencia cada vez más despierto, más consciente, más atento y receptivo,
más conectado.
Es un proceso de armonización que se inicia y continua “de motu
proprio”, por voluntad propia, en completa libertad, no por dogma, ni
exigencia, sino por, como afirma Antonio Blay: “una exigencia de mi propia
comprensión, de lo que es la verdad profunda”.
Sentir, pensar y
hacer despenden completamente de cómo nos descubrimos en cuanto a energía,
inteligencia y afectividad. Somos foco y atención y de cómo los dirigimos va
a depender cómo somos: más o menos conscientes de la Unidad, el Discernimiento
y la Presencia que habita en todo ser humano, te guste más o menos. A esto
le llama el curso de autorrealización “vivirse en lo fundamental” y así
es como aprendemos a vivir reconociendo lo fundamental del otro, no la
anécdota, o la situación concreta.
La primera
consecuencia de esta forma de vivir es la libertad. Nuestros intereses no
están en acumular cosas, ni en conseguir que el otro me valide, me ame, me
escuche…, sino en expandirme a través suyo porque amar no es un favor que
haces, sino un privilegio: “el privilegio de poder expresar en la
existencia lo que yo soy como esencia”, así es como gracias al otro me
realizo y se colma en mí la identidad que un día olvidé.
Tras la diversidad
subyacen las tres dimensiones del ser que en todos han de desarrollarse y que
potenciamos en función de cómo nos relacionamos: sin juicios, sin conflictos,
sin dramas…, y con mucha responsabilidad. Ser amable es una expresión de mi
Verdad, no es un subproducto del temor. Ya no pido disculpas por decir lo
que siento y no evitar la confrontación o la desilusión. Sólo en la
fortaleza se puede ser amable de forma genuina.
Recordemos que la fortaleza es la Gracia que nos lleva de regreso
al Amor, que estar conectados es no hacer nada y que, para conseguirlo,
paradójicamente, tenemos que ponernos en acción. Y ese hacer, cuando se hace
desde el gozo y el entusiasmo, desde la constatación de que en el camino puedo
disfrutar, puedo descubrirme sonriendo, siendo yo misma, eso anula todo
propósito del ego: éxito, reconocimiento, admiración…, porque esos objetivos siempre
caen, porque cuando consigo un objetivo, pongo otro, y otro, y otro, y entro en
el juego de la eterna insatisfacción.
Ser quién eres, haciendo lo que hagas, en casa, en el trabajo, en
la calle o en la intimidad, eso es un logro que no tiene fin,
una autoexpresión gozosa que cada día se celebra y se comparte y que,
además, se colma cuando sientes que tu servicio es beneficioso, íntegro y
desinteresado (incluso cuando recibes una contraprestación económica).
Pero aún queda un peldaño más, descubrir que no lo haces tú,
sino que la actividad se produce en ti, sino que, como individuo, sólo eres
un canal para que las dimensiones del Ser se expresen a través de ti.
Recuerdas una conciencia trascendente que te sitúa más allá de
todo lo que fabricaste, de todo lo que interpretaste y que, en realidad, era la
existencia viviéndose a través de ti. Y lo más increíble es que lejos de
sentirte eximido de responsabilidad, te unes a esa frecuencia, te conectas al
Amor y te sientes realizado por fin, Uno con esa Nada, ese Todo.
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